
Puesta en escena del oficialismo: Blindaje y Milei encabezando la barra brava de Adorni en Diputados
Todo el Gabinete nacional asistió a la Cámara baja para respaldar al desgastado jefe de Gabinete.
El Jefe de Gabinete, Manuel Adorni, convirtió su obligatorio informe de gestión en la Cámara de Diputados en un espectáculo mediático diseñado para eludir la rendición de cuentas. Entre videos cinematográficos, gritos presidenciales y un laberinto de imprecisiones, el oficialismo montó una muralla para proteger a un funcionario cercado por sospechas de enriquecimiento ilícito.
La mística del "Aguante": Rocky en el Congreso
La jornada comenzó con una estética más propia de un ring que de una institución democrática. El oficialismo difundió un video extravagante donde Adorni, escoltado por Javier Milei y el Gabinete, avanzaba al ritmo de Eye of the Tiger. La metáfora fue transparente: el Gobierno no acudió al recinto a explicar su gestión, sino a pelear contra la realidad.
Desde el palco, Milei abandonó la investidura presidencial para retomar su faceta de panelista televisivo. Lejos de la solemnidad que exige la división de poderes, el mandatario se dedicó a vitorear a su ministro coordinador e intercambiar gritos con los legisladores de la oposición, especialmente cuando se cuestionó el alineamiento ciego con la agenda bélica de Israel y el "Escudo de las Américas" de Donald Trump.
Estrategia de asfixia: 1.936 páginas en dos horas
Para vaciar de contenido el debate, Adorni recurrió a una vieja táctica de opacidad administrativa: el retraso. El informe escrito, un documento de 1.936 páginas para responder 2.151 preguntas, fue enviado a las 8 de la mañana. Los diputados tuvieron apenas 120 minutos para procesar un volumen de información humanamente inabordable antes de la sesión.
Esta saturación informativa sirvió como pantalla para lo que Adorni no quiso —o no pudo— contestar:
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Patrimonio bajo sospecha: Ante las consultas por las propiedades compradas desde su llegada a la función pública, se refugió en "formalismos" y "generalidades".
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El escudo de la "confidencialidad": El funcionario utilizó la privacidad de su esposa, Bettina Angeletti, para no explicar las omisiones en sus declaraciones juradas ni los contratos de su firma de coaching, +BE, con el Estado.
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Viajes y socios: Sobre el polémico vuelo privado a Punta del Este presuntamente pagado por su socio, Marcelo Grandío, Adorni respondió con un tecnicismo: que no hay registros en la Oficina Anticorrupción. Una respuesta que no niega el hecho, sino que confirma la falta de registro oficial.
El "Contraataque" como única política
Cuando las preguntas sobre el caudal de ingresos incompatibles con su cargo se volvieron insistentes, Adorni apeló al manual básico del manual libertario: la culpa es del otro. Habló de la "herencia", de "intentos de golpe" y de una supuesta conspiración para justificar el deterioro social y económico que su propia gestión profundiza.
El dato: Sobre los seis contratos de su socio Grandío en los medios públicos, Adorni negó el vínculo argumentando que "no fue contratado por RTA". Sin embargo, omitió que las contrataciones se realizaron a través de la productora Imhouse, empresa que se sospecha el propio Jefe de Gabinete integra.
Un funcionario en desgracia blindado por el grito
La sobreactuación de Milei en el recinto no fue una muestra de fortaleza, sino un síntoma de debilidad. El respaldo fue para un "funcionario caído en desgracia" que ya no puede explicar cómo su estilo de vida se despegó de sus ingresos formales en tiempo récord.
En lugar de transparencia, hubo Eye of the Tiger. En lugar de datos, hubo gritos. El informe de gestión terminó siendo un simulacro donde la única certeza es que, para el Jefe de Gabinete, la "confidencialidad" es el nuevo nombre de la impunidad.