
Editorial: Cuando el río mandaba, vapores y veleros en el Puerto Gaboto del siglo XIX
Camino al V Centenario de Puerto Gaboto
A fines del siglo XIX, Puerto Gaboto era mucho más que un pequeño punto ribereño: era una puerta de entrada y salida para personas, mercaderías, noticias y esperanzas. En una época en la que los caminos terrestres eran precarios y el ferrocarril aún no alcanzaba a todos los pueblos, el río Coronda funcionaba como una verdadera arteria vital. Por sus aguas se tejía una red de vínculos que integraba a Gaboto con Coronda, Rosario, Santa Fe y otros puertos del litoral.
Tal como señala la historiadora corondina Alcira Marioni de Berra, durante la segunda mitad del siglo XIX el movimiento de pasajeros y correspondencia en la región se realizaba casi exclusivamente por transporte fluvial. En ese entramado, el Rincón de Gaboto y su Puerto Gómez formaban parte de una red dinámica, en la que arribaban y partían embarcaciones de distinto porte y tipo.
Vapores: la modernidad que humeaba en el río
Desde mediados del siglo XIX, los vapores fluviales comenzaron a imponerse en la cuenca del Paraná. Estas embarcaciones reducían los tiempos de viaje, transportaban mayores cargas y ofrecían mayor regularidad que la navegación a vela. Vapores con nombres como Santa Fe, Rosario, Pampero o Constitución están documentados en rutas regionales, uniendo puertos principales y secundarios del litoral.
En ese contexto local se inscribe la memoria del pequeño vapor “El Águila”, recordado como una embarcación que realizaba viajes entre Rosario y Coronda, con escala en Puerto Gaboto, transportando correo, mercaderías y pasajeros. Aunque su nombre no aparece en los grandes registros náuticos nacionales —algo habitual en vapores de menor porte o de propiedad privada—, su presencia resulta verosímil y coherente con el intenso tráfico fluvial de la época y con los testimonios históricos locales.
El auge del tráfico y el control del Estado
Durante la década de 1880, el comercio fluvial por el río Coronda se intensificó notablemente. El crecimiento de la producción agropecuaria y el aumento del intercambio regional hicieron necesario un mayor control estatal. Como explica el historiador gabotero Amadeo Soler, en 1883 se instaló en Puerto Gaboto la oficina de Resguardo Aduanero, destinada a fiscalizar la navegación y asegurar la percepción de los derechos fluviales y marítimos.
Los registros estadísticos de fines del siglo XIX muestran que, aunque en menor escala que Rosario o Santa Fe, Puerto Gaboto recibía tanto vapores como buques a vela, confirmando su integración activa al sistema de navegación regional.
Veleros: la tradición que seguía navegando
Junto a los vapores, continuaban surcando el río balandras, sumacas, goletas y pailebotes, embarcaciones a vela que habían dominado el tráfico fluvial durante décadas y que siguieron siendo fundamentales para el cabotaje local. Más lentas pero confiables, estas naves transportaban productos regionales, ganado en pie, cueros, maderas y provisiones, manteniendo viva una tradición marítima que convivió durante años con la tecnología del vapor.
Un puerto vivo, un río protagonista
Así, a fines del siglo XIX, Puerto Gaboto era escenario cotidiano de silbatos de vapor, velas recortadas contra el horizonte y muelles donde se mezclaban comerciantes, peones, viajeros y funcionarios. Vapores modernos y veleros tradicionales compartían las aguas del Coronda, haciendo del río el verdadero protagonista de la historia local.
En esas embarcaciones —grandes o pequeñas, registradas o anónimas— se escribió una parte esencial de la memoria gabotera: la de un pueblo que creció mirando al río, viviendo de él y gracias a él.
Profesor Ricardo N.González