Blas Wilfredo Omar Jaime murió a los 92 años. Nacido en El Pueblito, cerca de Nogoyá, Entre Ríos, fue reconocido como el último hablante de la lengua chaná y dedicó los últimos años de su vida a preservar y transmitir ese patrimonio cultural.
Jaime había aprendido el idioma de sus antepasados de su madre, su abuela y su bisabuela. Comenzó a estudiarlo cuando tenía 12 años y durante décadas conservó ese conocimiento dentro del ámbito familiar, siguiendo una tradición marcada por el silencio.
A fines de 2004, ya jubilado, decidió buscar a otras personas que todavía hablaran chaná. No encontró a nadie. Fue entonces cuando comprendió que podía ser el último depositario de una lengua que se consideraba extinguida desde hacía aproximadamente dos siglos.
El encuentro con un investigador del CONICET
La historia de Blas Jaime llegó al lingüista e investigador del CONICET José Pedro Viegas Barros. A partir de ese contacto comenzó un trabajo de documentación que permitió registrar palabras, expresiones y distintos aspectos de la lengua chaná.
Ese proceso fue fundamental para conservar un idioma que durante generaciones había sobrevivido principalmente a través de la transmisión oral.
En 2013, parte de ese trabajo quedó reunido en el libro “La lengua chaná: patrimonio cultural de Entre Ríos”, una publicación que aborda aspectos históricos y lingüísticos e incluye un diccionario.
Una historia que llegó al cine
La vida de Blas Jaime también fue registrada en el documental “Lantéc Chaná”, dirigido por Marina Zeising. La producción permitió acercar su historia y la de la lengua chaná a un público más amplio.
Su testimonio se convirtió así en una fuente para investigadores y para las nuevas generaciones interesadas en conocer las lenguas y culturas originarias de la región.
El legado de Blas Jaime
Con la muerte de Blas Jaime desaparece una de las últimas voces vivas capaces de transmitir directamente el chaná, pero el trabajo realizado durante sus últimos años permitió que una parte de ese conocimiento quedara documentada.
Sus grabaciones, investigaciones y aportes lingüísticos forman parte de un legado que permite continuar estudiando la lengua chaná y reconstruir aspectos de la historia de los pueblos originarios de Entre Ríos.
Blas Jaime pasó décadas guardando una lengua que había recibido de sus antepasados. Cuando decidió hacerla pública, sus palabras permitieron que ese patrimonio dejara de depender únicamente de la memoria de una persona y quedara registrado para las generaciones futuras.




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